El llamado Itinerario Antonino o Itinerario de Antonino es
una recopilación de rutas del Imperio Romano que parece datar de tiempos
de Diocleciano, más concretamente en torno a 290, aunque aprovecha elementos
quizá un siglo más antiguos.
Las irregularidades de las etapas y los bruscos cambios de dirección
de muchos de los caminos propuestos han intrigado a los estudiosos y han dado
lugar a diversas teorías sobre la verdadera índole de este documento,
que como “guía de caminos” parece con frecuencia más
propio para desorientar que para orientar al viajero. El estudio más
convincente a este respecto es el que realizó Denis van Berchem en dos
notables artículos publicados en 1937 y 1974 (que pueden leerse hoy en
español en el Anexo 4 de El Miliario Extravagante, 2002). Según
este investigador suizo, la recopilación tendría por base una
serie de edictos, conservados en los archivos imperiales, cuyo objeto sería
unas veces preparar viajes de emperadores o altos funcionarios, pero más
a menudo expediciones de tropas encargadas especialmente de recaudar el impuesto
de la annona, que se percibía en especie. Lo que determinaba el emplazamiento
de cada mansio no era tanto la longitud de cada etapa como la existencia de
una comunidad de contribuyentes. Las mansiones estarían además
marcadas por la existencia de silos o graneros, hecho que –según
el citado autor– confirma a menudo la arqueología en lo tocante
a la antigua Galia.
La edición que aquí se ofrece aspira a ser científicamente
segura y al mismo tiempo práctica tanto para los entendidos como para
los profanos. Sus características son las siguientes:
· He utilizado la edición de Cuntz (Itineraria romana, Berlín
1929), que es definitiva según todos reconocen mientras no aparezcan
nuevos códices. Para eliminar de raíz toda posibilidad de error
tipográfico o mecanográfico no he hecho una copia manual, sino
que he recurrido a la reproducción fotográfica.
· He metido sin embargo la tijera, para airear las páginas y dar
cabida a otras indicaciones.
· Se han añadido los números de Saavedra (números
arábigos gruesos al comienzo de cada ruta, del 1 al 34), que simplifican
y facilitan las referencias. Está bien conservar los números de
páginas y líneas de la edición de Wesseling de 1733 (“Wess.”),
que se han consagrado internacionalmente para citas el Itinerario; pero éstos
son engorrosos y poco claros, entre otras razones porque no se asigna un número
a cada ruta, y también porque Wesseling armó un pequeño
lío con la consecuencia de que ahora la numeración no es correlativa
(del 423,5 pasa al 427,4 y luego del 431,3 vuelve al 423,6).
· Para la comprensión de las “Notas críticas”
es preciso tener en cuenta el stemma o árbol genealógico de los
manuscritos utilizados por Cuntz, que es este:
El significado de cada letra es así:
P: Manuscrito de El Escorial, siglo VII (Escorialensis R II 18). Lamentablemente
no tiene interés para nosotros, pues faltan en él precisamente
todos los folios referentes a la península ibérica.
D: Manuscrito de París, siglo X (Parisinus Regius 7230 A). Sólo
llega hasta la mitad de la ruta 24.
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: Eslabones intermedios perdidos.
1L: (también designado en las notas simplemente L): Manuscrito de Viena,
siglo VIII (Vindobonensis 181).
2L y 3L: Correcciones hechas por dos manos distintas del siglo IX en el manuscrito
1L, inspiradas en
.
B: Manuscrito de París, siglo IX (Parisinus Regius 4807).
: Manuscrito
de Viena, siglo XV (Vindobonensis 12825). Es en todo análogo al anterior,
excepto en unas páginas que no interesan a la península ibérica.
Cada vez que Cuntz se refiere a B, hay que entender que se refiere también
tácitamente a este manuscrito.
R: Manuscrito de Florencia, siglo X (Florentinus Laurentianus 89 s.67).
C: Manuscrito de París, siglo XII (Parisinus 4808).
Otros signos empleados en las “Notas críticas” son:
- asteriscos *** o números entre corchetes [5] : indican letras borradas
o desaparecidas (“litteras evanidas”)
- líneas verticales ||| : indican palos borrados o desaparecidos (“hastas
evanidas”)
· Están después las que he titulado “Conjeturas de Cuntz”. Éstas yerran con demasiada frecuencia, a mi juicio, respecto a las distancias parciales, aunque tienen interés respecto a las distancias totales al comienzo de cada ruta. He aquí cómo se expresa el interesado. Junto al texto de Cuntz, que escribió en latín como corresponde a un romanista alemán de la vieja escuela, pongo la traducción:
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“Restant adnotationes ultimo paginarum loco
a me additae. Quae itinerarii provinciarum indole posci videntur. Nam
plerisque itineribus antefixae sunt summae ex singulis numeris subductae,
quas librarii diversis modis non solum corrupere, sed haud raro etiam
correxere. Quae quanti aestimandae sint ut perspiciatur, commentario certe
brevi opus est. Et numerorum quidem corruptelas et correcturas, quoad
potui, indicavi omnes, numero genuino nude posito, si alio itinerariorum
extat loco, voce “fere” addita, si metiendo repertus est.
Sed addendum me semissibus milium in ratiocinando iis tantum locis esse
usum, quibus itinerarium provinciarum ipsum semisses servavit. Nomina
non correxi nisi ea quae gravius corrupta sunt. Cui commentario quamquam
multos annos operam navavi, tamen hominibus doctis locorum peritis certe
non omnes numeros a me propositos placituros esse persuasum habeo. Neque
mirum, nom quis tot provinciarum et viarum plenam notitiam sibi vindicet?
Attamen id ex parte mea his studiis contribuisse mihi videor, ut codicum
longo iam tempore mihi tamquam familiarum rectum usum demonstrem.” |
“Quedan las notas puestas por mí al
final de las páginas. Estas vienen exigidas por la índole
del Itinerario; pues en muchos caminos se anteponen las sumas obtenidas
de las distancias parciales, sumas que los copistas no sólo alteraron
de diversos modos, sino que corrigieron no pocas veces. Para que se vea
el crédito que merecen es necesario un breve comentario. Indiqué
también todas las alteraciones y correcciones que pude de esos
números, poniendo simplemente el número genuino si éste
consta en otro de los itinerarios, o añadiendo la palabra “fere”
(“más o menos”) si se ha determinado mediante mediciones.
Hay que añadir que en mis raciocinios he utilizado medias millas
solamente para aquellos lugares para los cuales el propio Itinerario las
conservó. No corregí los nombres, salvo los más gravemente
corrompidos. Aunque este comentario es obra de muchos años, estoy
convencido de que no todos los números propuestos por mí
serán aceptados por los eruditos locales. No es de extrañar,
pues ¿quién puede jactarse de un conocimiento pleno de tantas
provincias y de tantos caminos? Sin embargo, estimo que por mi parte he
contribuido a estos estudios de tal forma que, como puede verse, el uso
correcto de los códices ya hace tiempo me es familiar.” |
Añadamos finalmente que la alusión a medias millas no interesa a las provincias hispánicas, en las que el Itinerario siempre cuenta por millas enteras. Sólo en una ruta hispánica (la 7) especula Cuntz en su comentario con una media milla, a mi parecer sin motivo convincente.